Cristina ¡qué dolor!


Cristina ¡qué dolor!

Hoy envío la siguiente carta al periódico (a propósito de las secuelas del suicidio de Cristina)
Leo las declaraciones del Sr. Bleda, Dtor. del Colegio Sagrada Familia de Elda, de ellas se trasluce que, nosotros, los profesores, no tenemos responsabilidad sobre los actos que nuestros alumnos realizan o sufren fuera del recinto escolar. No es cierto, sí la tenemos, si no legal (faltaría más) sí moral, sí ética. Así como, en el mismo sentido, los padres también son responsables de lo que ocurre en las aulas, en el Instituto. Este intento de unos y otros de sacudirnos la responsabilidad y endosársela al de al lado es una perniciosa dejación de nuestro deber para con lo comunitario. Es un resabio alimentado por la cazurrería individualista que genera esta sociedad del sálvese quien pueda mientras sea yo. Soy profesor y fuí alumno acosado. Yo salté con Cristina ese maldito día, pero yo también fuí su verdugo, fuí esas crueles ejecutantes del rencor ciego. Y usted y los medios de comunicación y sus compañeros y la policía y los jueces y los políticos, por activa, por pasiva, por mirar a otro lado, por no darle importancia, por rutina, por miedo, por desidia, por cansancio, por impotencia, por promover la violencia, por premiar la agresividad, por potenciar la competitividad frente al juego, la acumulación frente a la generosidad, lo individual frente a lo solidario…
Sr. Bleda, la ley dice que yo no soy responsable de mis alumnos fuera del colegio. Pero yo me siento responsable. Lo siento.
Todos caímos con Cristina y todos la empujamos. ¡Qué dolor!