De la Felleza y de lo Fello


De la Felleza y de lo Fello

Pretesis a vuelapluma

borrosoPodríamos comenzar a hablar de la noción de belleza trayendo a colación algunas definiciones: Platónicas y antiplatónicas (”lo bello es lo que causa placer y agrado”; “lo bello es un atributo inmanente de las cosas”; “lo bello es una realidad absoluta”), E. Burke (“la belleza es un instinto social”), Hutcheson (“la belleza es una realidad perceptible mediante un sentido especial que no exige razonamiento o explicación”), Kant (“lo bello es lo que agrada universalmente y sin necesidad de concepto: finalidad sin fin”), Schopenhauer (“la belleza es el reconocimiento de lo general en lo particular”), V. Cousin (“lo bello es uno de los principios espirituales superiores”)…

Podríamos asimismo considerar distintas categorías o lenguajes desde los que hablar de lo bello: el semántico, el psicológico, el metafísico, el ético y el axiológico. Pero no dejaríamos de estar contestando a la pregunta: ¿Qué es la belleza?. Y yo pienso que la belleza no es. La belleza sucede. Y un suceso no puede ser una cualidad inherente a la cosa y, por tanto, la belleza no puede tampoco estar en la cosa. Es un momento espacio-temporal en el que algo nos conmueve. Por eso no podremos hablar de objetos intrínsecamente bellos, de sensaciones bellas por antonomasia, o sentimientos fundamentalmente bellos. La cualidad espacio-temporal, transitoria, evanescente de lo bello, anula el absolutismo en lo bello. Así que, por extensión, la estética sólo puede ir dando traspiés detrás del suceso de la belleza generando categorías nacidas muertas, más en una constatación de un hecho sucedido que en la implantación de códigos que nos permitan designar lo bello y lo feo..

Por otro lado esta delimitación de lo bello y lo feo, esta dicotomía, esta bipolaridad no es otra cosa que una herencia envenenada del racionalismo, de la modernidad enciclopédica, porque la categoría absoluta, la cualidad bella inherente a la cosa y la dualidad bello-feo se rompen en el suceso: no siempre me conmueve lo mismo, en el mismo lugar, de la misma manera. Noto lo bello en un amanecer y en otro no. Bella puede ser una adolescente reclinada sobre un parterre de flores en primavera y puede ser bella una vieja arrugada agonizando de perfil sobre un catre cutre. Bello el límpido río apenas nacido y bella la irisación que forma en el agua el aceite industrial. Bella la brisa en la cara y bello el huracán arrasando la tierra. Bello el placer, bello el dolor.

fellezaPero bien es cierto que mientras esté utilizando en este escrito el término “bello” estará remitiéndome, estaré evocando su contrario: “feo” y yo me niego a seguir soportando estas dualistas imposiciones decimonónicas; así que propugno la utilización a partir de ahora de un término neutro, diluyente y específicamente dedicado a toda cosa susceptible de catalizar un suceso conmovedor sin entrar en condiciones dualistas. Exhorto al abandono del término “belleza” y sus derivados y aconsejo, a partir de ahora, el uso del término “FELLEZA” y sus derivaciones. O sea que ya podemos decir, para definir (al estilo enciclopedia) una cosa FELLA: “Toda cosa que haya sucedido con o en el momento de la percepción de la FELLEZA, ha sido o es FELLA”. Asimismo para definir la FELLEZA podremos decir que es: “El suceso en el que se nos manifiesta lo FELLO”. Es importante y quiero recalcar la referencia temporal: “ha sido o es” porque no podemos asegurar que la cosa sea FELLA en el futuro; la FELLEZA es una condición desprovista de perennidad, por tanto, no podemos asegurar que lo que es o ha sido FELLO lo siga siendo en el futuro.
Celebremos pues el nacimiento de la FELLEZA.

Saludemos pues el advenimiento del reinado de lo FELLO.

Que así sea.