Más agonía no


Mas agonía no

Ya no lo soporto.
El Estatut me da igual. La Constitución, atacada o no, me deja impasible. Los predicadores de las radios Copes, Herreras, Seres o Haberes, los Mundos o los Países, el delirio de Losantos o las cosas de Ibarretxe u Otegui, los ritos polarizadores de ZP y Rajoy me resbalan. Los tertulianos “sé de todo” servidores del pensamiento único ya no hacen mella en mi caletre. Sólo tengo una obsesión: sangre y colgajos en las alambradas, carne negra tumefacta. Las noches de los muertos vivientes ¿acabarán comiéndonos?. Fantasmas sin nombre pero ¡ay! con cara. Palizas sobre palizas. Abandono después en el desierto…
¿Dónde está Ratzinger? ¿Quién toma ahora la calle? ¿Dónde está Alá? ¿Dónde está Dios?.
Hoy, en la televisión, he visto llorar a una de esas sombras perdidas en el desierto balbuceándole no se qué al micrófono. He llorado con él, y mi mujer ha llorado y mi madre ha llorado y mi hija ha llorado y ¡ya basta!. Si no hay solución, si no podéis, si no podemos, dadme un CETME, un Kalashnikov, un K-7. Llevadme allí. No, no quiero que lo haga la Legión, ni la Guardia Civil. Lo haré yo mismo. No me temblará la mano al apretar el gatillo. Lo hice una vez por mi perro. Lo haré por un negro pobre. Acabemos con ellos ya. No prolonguemos su agonía. Dadme un arma si no hay solución. Llevadme allí. Dejádmelos a mí. Mas agonía no.
¡Dios mío! ¡Qué dolor!

Manuel Maciá
Octubre 2005