Me se ha caído


Me se ha caído

Martes, 12’15 del mediodía. Fuera retumban de cuando en cuando los truenos de la tormenta. La puerta del despacho del arqueólogo municipal se abre lentamente y aparece en ella la figura de Persita Puig, pálida, desencajada, temblorosa, con los ojos del espanto comiéndole la cara. Mira al arqueólogo sin verlo y como en un largo y agónico espasmo grita:
-¡Oh, Dios mío! ¡ME SE HA CAÍDO!.
En la mano crispada de Persita parece sonreír el plumero asesino.

Sí, queridos ciudadanos, es cierto. Seguramente a ustedes ya les habrán llegado rumores de la catástrofe. Pues bien, ha sucedido, no es ninguna broma, lo hemos visto con nuestros propios ojos: la Dama de Elche, la Dama Universal, yace rota bajo su pedestal.
Nosotros, los illicitanos que junto con el milenario palmeral, los ecos del Misteri y la gran Nit de l’Albá llevamos en nuestros pechos para la Virgen un altar, hemos recibido una mortal herida en nuestra idiosincrasia (que también es la suya de usted).
Con ese busto en pedazos, que ahora intenta pegar nuestro arqueólogo municipal con Super-Glue, se rompe también un mito, la Historia de un pueblo, ¿qué es un pueblo sin sus mitos? (de acuerdo, nos queda Manolo Bazooka, pero aún siendo éste más importante, la Dama también da penica ¿no?). Un pueblo sin mitos deviene en chusma sin referencias. En masa amorfa, sin identidad (aunque yo, la verdad, nunca me he identificado demasiado con el busto ese que, por mucho que digan, que si Dama, que si ibérica, tiene una pinta de Mandarín chino de la China que no se lame). Pero vayamos a los hechos ¿porque ustedes querrán saber los hechos? ¿no?: Como todo el mundo sabe ayer llegó la Dama procedente de Madrid en un camión blindado custodiado por el ejército. El recibimiento fue apoteósico, las campanas de todo el pueblo sonaban, las palomas volaban, los fuegos artificiales estallaban. Nuestro entrañable alcalde, con lágrimas en los ojos encabezaba a todo el Consistorio que, con entusiasmo, aplaudía la llegada de nuestro símbolo más querido y el que refleja más certeramente nuestro carácter (suponiendo que nuestro carácter sea el que representa un mandarín con ensaimadas en las orejas).
Amorosamente, fervorosamente (como si se tratara de la Santísima Virgen de la Asunción y no de una copia sin bigote del tío del Flan Chino Mandarín) se le trasladó en procesión de la Plaza Mayor al Museo Arqueológico. Las medidas de seguridad eran estrictas, tremendas, apabullantes. Toda la Policía Local, con sus Rayban de reglamento, hermosos y arrogantes, rodeaban la vitrina presurizada con paneles de abundio (hay que reconocer que el porte, la actitud, la gallardía de nuestros policías no desmerece en absoluto de la de sus admirados colegas norteamericanos de los que sin duda, por lo que se ve, toman ejemplo).
Con toda la pompa debida, se depositó la vitrina sobre un pedestal de falopio anodizado colocado en el centro de la habitación blindada, climatizada, esterilizada para el caso. Hubo
discursos, aplausos, cámaras. Don Clitorio, el obispo de la diócesis, bendijo a la vitrina, a la habitación, al alcalde, al séquito, a las Rayban y a dos mamparas que tapaban un agujero que había en el suelo al fondo a la derecha. Nada parecía presagiar la tragedia. La noche transcurrió tranquila, los 212 policías que custodiaban la joya ibérica sólo tuvieron que luchar contra el aburrimiento o con la excitación de estar viviendo aquel momento histórico.
Pero al día siguiente, o sea hoy, se desencadenó la tragedia. La vitrina de paneles de abundio que protegía a la Dama había sido retirada para que el concejal de Cultura, de incógnito, se hiciera una foto con la susodicha, sin la vitrina esa, que reflejaba el flash un porción. El conserje, digital en mano, intentaba encuadrar la foto cuando entra Persita Puig, la limpiadora, plumero en mano, a darle un repaso a la habitación y se percata de cierta coloración en el rostro de la Dama.
-¡Ay, esperen! No hagan la foto que algún cabronazo la dejao a la Dama en la cara unos polvos de coloricos.
Y, plumero en mano, presta, felina, Persita Puig se planta entre el conserje y el concejal y… aquí las versiones que tenemos se contradicen:
Versión A: Según el líder de la oposición, un pajarito le ha dicho que el conserje (un libidinoso contratado a dedo por ser primo de un amigo del jardinero de la escuela donde estuvo a punto de estudiar el alcalde) el conserje, repito, llevado por su lujuria, al ver inclinarse a Persita sobre el busto y constatar como el singular trasero de la chica tensaba la tela de su falda, no pudo soportarlo y metió mano en las orondas esferas haciendo trastabillar a Persita que cayó hacia adelante con el plumero sobre la cara de la Dama, de tal manera que la empujó al precipicio, a la catástrofe.
Ésta es la versión del líder de la oposición que, además, critica y condena la contratación de señoritas estupendas por parte del partido mayoritario, señoritas que, con su estupendez, provocan las naturales querencias de los machos y luego pasa lo que pasa. Y la dimisión del alcalde, el presidente del Gobierno, de Fidel Castro y de Hugo Chávez deben ser inmediatas.
Versión B: Esta versión, la que nos facilita el alcalde, es la que se recoge en la declaración del plumero que, hábilmente interrogado por nuestro jefe de policía, se ha autoinculpado y ha reconocido que el odio racista que siente por todo lo chino y el apoyo del líder de la oposición (que le dio la idea) le llevaron a controlar el cuerpo de Persita para que le lanzara contra la dichosa escultura china del mandarín ese sin bigote con las ensaimadas en las orejas y así destrozarla toda para siempre jamás. ¡Ah! Y el concejal no estaba allí y el conserje tampoco, que estaban almorsando en Villalobos y Persita cállate que te la cargas. Y el líder de la oposición debería ser más responsable y preocuparse más de lo que pasa en su misma casa, que el otro día a su mujer se le cayó un jarrón Ming y lo rompió y nadie ha dicho nada. Debe dimitir él, el jarrón Ming y su pajolera madre. Y el pajarito es un mentiroso.

En fin, tal vez nunca sepamos lo que pasó realmente, pero lo cierto es que pasó y que Persita Puig está para mojar pan.
El terrible suceso, sea como sea, marcará el futuro de nuestro pueblo. De eso no hay duda.
¡Qué horror!.